Fue muy bonito mientras duró. Me cojiste de las manos y me las apretaste bien fuerte, yo miraba hacia el suelo, no me veía con fuerzas de mirarte a la cara.Pero tú insistías, seguías mirándome con aquellos ojos llorosos, yo sabía que me estabas mirando, así que no hize otra cosa que levantar la cabeza y verte. Me veía forzada a mirarte. Me di cuenta de que estabas realmente herída, pero el daño lo habías hecho tú. Me fuiste cojiendo de los brazos, hasta que acabamos abrazándonos.
Recuerdo ese día como si fuera ayer, estábamos al lado de un casal de cultura, con una mesa de madera detrás nuestro, y pinos alrededor. Me gustaría repetir ese momento, en el que durante el abrazo, me susurraste: Te quiero Diana, en la oreja. Yo aún no me había dado cuenta de que el corazón puede mandar más que la cabeza, de que el sentimiento no tiene nada que ver con el pensamiento. Solo haces las cosas bien cuando te digo que algo has hecho mal, porque si fuera por tí...¡es que no te das ni cuenta! Cuando te digo que ya no te queda ningúna oportunidad, es cuando me vienes llorando. Así que prométeme, que si esto acaba mal, no llores porque ha acabado, sonríe por todo lo bueno que ha pasado.
No hay comentarios:
Publicar un comentario