Nos engañamos cuando sostenemos una y otra vez que si pudiésemos volver atrás, a aquel momento y a esa situación, en vez de tomar aquella decisión que tomamos, tomaríamos esta otra. Lo cierto es que si retrocediéramos en el tiempo, y volviésemos a esa misma situación, con los mismos conocimientos de entonces y los mismos condicionantes, llegaríamos a las mismas conclusiones y tomaríamos exactamente la misma presuntamente equivocada decisión. Por otra parte, si volviéramos con lo que hoy sabemos, la situación, claro, ya no sería la misma.
-Maestro-le dice, recorrí mi vida hacia atrás y llegué a la playa en la que te encontré una vez. Mis huellas y las tuyas estaban impresas en la arena. Fue muy emocionante ver todos esos momentos en los que caminaste a mi lado. Sin embargo, había largos trayectos, que se correspondían con los momentos más duros de mi historia, en los que, para mi decepción, sólo había un par de huellas en la arena. ¿Por qué me abandonabas justo cuando yo más te necesitaba?
El maestro sonrió.
-¿No notaste que en esos tramos las pisadas se hundían un poco más que antes en la arena?
-Sí, maestro, y eso aumentó mi dolor. Es evidente que llevaba una pesada carga en mi espalda en esos momentos...
-Pero, ¿no lo entiendes? En esos momentos, cuando tú, desesperado, te aferraste a mí, yo decidí llevarte en brazos...
Si creo que no podría vivir sin ti, haré lo que sea para retenerte: me convertiré en alguien que no soy para gustarte, apelaré a la lástima, la mentira y aun la violencia para impedir que te alejes.
Si creo que no podría vivir sin mi trabajo, haré cualquier cosa para conservarlo: soportaré cualquier abuso, renunciaré a toda otra actividad.
Si creo que no podría vivir sin una determinada cantidad de dinero, viviré obsesionado por acumularlo y conservarlo, sin poder gastarlo.
"No puedo vivir sin ti... Simplemente no podría soportarlo..." Todos sabemos cuán mentiroso es el planteamiento, toda vez que hemos visto seguir adelante con entereza a hombres y mujeres que lo han perdido todo: soldados que regresan del frente con miembros amputados, madres que han perdido a sus hijos, familiares de miles de jóvenes que han tomado un camino sin retorno de la mano de la droga más cruel...
Y sin embargo nos gusta la frase. Nos fascina pensar que alguien a quien queremos la pueda decir pensando en la posibilidad de perdernos; nos llama la atención cuando la leemos en las revistas del corazón y nos emociona cuando la imaginamos en la escena final de Romeo y Julieta.
Y, sin embargo, el desapego no es un artificio para evitar los duelos complicados. En mi opinión, la clave está justamente en poder distinguir entre dos opuestos: amor y miedo. Diferenciar la saludable sensación de la alegría compartida de la odiosa y tóxica vivencia de la necesidad amenazada.
Podrías decirme:
-¿Qué tiene de tóxico vivir temeroso de perder mi trabajo? Es cierto que le dedico mucho tiempo y que me apego a él y a la empresa, pero es que realmente lo necesito.
Podría contestarte (aquí judit te recomiendo que cambies trabajo por persona):
-Pues no. Aun admitiendo que necesitas un trabajo, sigue sin ser cierto que necesites este trabajo...
Solía hacer un provocativo ejercicio con mis pacientes cada vez que transitaban por un lugar parecido. Cuando se quejaban diciendo que no podían disfrutar de esto que estaba pasando porque sabían que pronto lo iban a perder, yo les lanzaba un cojín y les pedía que se abrazaran a él, como si fuera la cosa de la que hablábamos, y repitieran en voz alta lo que acababan de decir.
-¿Cómo podría disfrutar de este tiempo junto a él, si sé que pronto no lo voy a tener?- decía aquella mujer, hablando de su marido, portador de una enfermedad terminal.
Entonces yo les pedía que repitieran su frase reemplazando el cómo podría por un simple cómo no.
En el caso de esta mujer, se sorprendió y rompió a llorar cuando se encontró diciendo:
-¿Cómo no voy a disfrutar de este tiempo junto a él, si sé que pronto no lo voy a tener...?
¿Has cavado alguna vez un pozo en busca de agua?
Aunque estés cavando en el lugar correcto, al principio sólo encuentras tierra, rocas y basura. Después de mucho trabajo encuentras el lodo, que dificulta el trabajo ensuciándolo todo. Sientes verdadero deseo de abandonar la búsqueda.
Un poco más abajo llegas al agua, aunque te decepciona: al principio el ansiado líquido está muy sucio y contaminado. Si eres capaz de insistir y sigues cavando, llegarás al agua limpia, que brotará por fin desde el fondo, cada vez más pura.
Jorge Bucay.
No hay comentarios:
Publicar un comentario