jueves, 1 de julio de 2010


Somos capaces de pensar mientras dormimos, de caminar con una pierna, de cruzar la calle sin mirar hacia los lados sabiendo que no viene ningún vehículo, somos capaces de sonreír mientras lloramos, de aguantar el dolor de una medusa, de transportarnos de cualquier lugar con un par de motores, somos capaces de fotografiar momentos, de falsificar dinero, de fabricar ropa cuando en la prehistoria no podían, de prender fuego con una simple chispa y destrozar todo un bosque. Aún y así, no somos capaces de detener nuestras lágrimas.

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